viernes, 27 de enero de 2012

Perdónalos, porque no saben lo que hacen


Al ser crucificado el Señor, pronunció las palabras célebres “Perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Esta frase está llena de gran significado sobre la expiación del Señor, sobre cómo realmente funciona la expiación en nuestras vidas y en las de otros.

El Señor, al pronunciar esta frase, solicita que se perdone a los romanos por ejecutar la orden de crucifixión que le provoca dolor y más adelante la muerte. Siempre hemos entendido que si alguien no conoce la ley no es responsable de no cumplirla.

Muchos ignoran cómo la expiación funciona en determinados casos, inclusive se cree que existen casos en que se perdonan pecados automáticamente, sin necesidad de la expiación, por motivos de las causas que llevaron a esos pecados.

¿Por qué Jesús pide que Dios perdone a alguien que no sabía lo que hacía? ¿Si alguien peca sin saber lo que hace es pecado?

Toda infracción a la ley es pecado, la cometa quien la cometa, adultos que ignoren la ley así como niños pequeños. Lo que realmente sucede es la intervención de Cristo como mediador y abogado para que no se considere esa falta en la vida de esa persona. Su expiación y su sangre derramada pagan el precio no sólo de los arrepentidos, sino también de los que han pecado en ignorancia.

Veamos algunas escrituras:

“Pues he aquí, y también su sangre expía los pecados de aquellos que han caído por la transgresión de Adán, que han muerto sin saber la voluntad de Dios concerniente a ellos, o que han pecado por ignorancia” (Mosíah 3:11).

“Y éstos son los que tienen parte en la primera resurrección; y éstos son los que han muerto en su ignorancia, antes que Cristo viniese, no habiéndoseles declarado la salvación. Y así el Señor efectúa la restauración de éstos; y participan en la primera resurrección, o sea, tienen vida eterna, habiéndolos redimido el Señor” (Mosíah 15:24).

La ley de Moisés contemplaba algunos sacrificios para cubrir los pecados que se cometían por ignorancia, enseñando simbólicamente que la sangre expiatoria es necesaria para que se efectúe este perdón.

“pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote entraba una vez al año, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en la ignorancia,” (Hebreos 9:7).

Además de enseñarnos con esta frase que con su expiación son redimidos quienes pecan en ignorancia, y que Dios el Padre es distinto a él (porque no se va a estar rogando a sí mismo), también nos muestra la maravillosa forma en que opera su intervención como nuestro Intercesor. Cada vez que rogamos que se nos perdonen nuestros pecados dejamos esa oración en el nombre de Cristo, ¿Por qué? Porque es Cristo precisamente quien intercede ante el Padre rogando que se nos perdonen nuestras faltas, él dice:

“Escuchad al que es vuestro intercesor con el Padre, que aboga por vuestra causa ante él, diciendo: Padre, ve los padecimientos y la muerte de aquel que no pecó, en quien te complaciste; ve la sangre de tu Hijo que fue derramada, la sangre de aquel que diste para que tú mismo fueses glorificado;” (D&C 45:3-5).

Por tanto, esta frase en que Jesús pide por el perdón de alguien quien no sabía lo que hacía, nos muestra que todo ser redimido es por medio de Cristo; que esto no es automático sino personalmente Cristo ruega por nosotros; y que tenemos un gran Intercesor.

y ¿Qué piensas tú?

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