domingo, 7 de agosto de 2011

Los Códices del Nuevo Testamento

Richard Neitzel Holzapfel

Profesor de BYU




El Nuevo Testamento es una asombrosa colección de varios tipos de documentos, que incluyen cartas, bibliografías antiguas, sermones y narraciones históricas. Los estudios sobre el Nuevo Testamento nos han ayudado a reconstruir el mundo de Jesús y sus discípulos al proporcionar perspectivas históricas, culturales y lingüísticas; además, el estudio de los textos nos ha ayudado a apreciar el interesante y complejo relato de la transmisión del Nuevo Testamento desde la antigüedad hasta el presente.

En la actualidad, no parece que se haya preservado ningún manuscrito o escritos originales del Nuevo Testamento. En otras palabras, no podemos visitar ningún museo o biblioteca para ver el libro original de Mateo, o la epístola original que Pablo escribió a los Romanos. De hecho, los manuscritos más antiguos que han sobrevivido los estragos del tiempo ni siquiera son copias de los originales, ni copias de las copias. El texto más antiguo del Nuevo Testamento que se conoce, es un manuscrito de papiro más bien pequeño (véase la imagen) con Juan 18:37-38 en un lado (anverso) y Juan 18: 31-33 en el otro (reverso). Su pequeño tamaño minimiza su gran importancia. Producido aproximadamente en el año 125 de la era cristiana, sugiere una fecha del Evangelio de Juan anterior a la que tradicionalmente se le ha asignado (muchos eruditos asumen que el Evangelio de Juan fue escrito en los años 90 de la era cristiana). Además, el manuscrito fue descubierto en Egipto, lo que sugiere una rápida dispersión del Evangelio.
Las copias más antiguas de un libro individual del Nuevo Testamento datan del año 200 de la era cristiana. En las décadas y siglos siguientes, los escribas continuaron haciendo copias del Nuevo Testamento. Aún existen unos 5.700 manuscritos en griego de principios del siglo II hasta el siglo XVI. No es de sorprender que estos manuscritos contengan numerosas diferencias porque fueron copiados a mano a lo largo de los años. De hecho, existen unas 30.000 variantes de lectura. La mayoría de estas variantes de lectura no son teológicamente significativas, y probablemente fueron el resultado de errores humanos (cambios no intencionales hechos al texto durante el proceso de su copiado). Sin embargo, existen cambios bastante significativos, que muy probablemente fueron intencionales. Estos cambios se realizaron por una variedad de razones, que incluyen: (1) promover opiniones teológicas, (2) corregir errores que un escriba creía que existían en el texto, (3) concordar el texto a fin de que fuera igual a lo que estaba registrado en otro pasaje y (4) clarificar ciertos pasajes que pudieran ser confusos o mal entendidos.

La versión inglesa del Rey Santiago (KJV) de 1 Juan 5: 7 conserva un cambio significativo: “porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. Los traductores de la KJV utilizaron los mejores manuscritos disponibles en esa época. Desde 1611, nuevos hallazgos han dado a conocer manuscritos antiguos que los eruditos creen que nos acercan mucho más al texto original. Este versículo en particular, que apoya una interpretación trinitaria de la Deidad, no se encuentra en los manuscritos más antiguos de 1 Juan, lo que sugiere que un escriba lo añadió por cuestiones teológicas.

La manera en que entendamos el Nuevo Testamento dependerá de qué variante de lectura aceptemos como la más cercana a la original. En este caso, algunos eruditos argumentan que el Nuevo Testamento no nos enseña explícitamente la doctrina de la Trinidad, porque esta singular e importantísima referencia no se encuentra en ningún manuscrito griego (manuscritos que abarcan más de mil años de transmisión del Nuevo Testamento). Debido a que no aparece antes del siglo XIV, algunas traducciones y versiones modernas de la Biblia no incluyen este versículo.

En la actualidad, vivimos en una época asombrosa en la que el trabajo sobre el Nuevo Testamento ofrece grandes perspectivas y nos permite acercarnos a los textos según fueron preparados originalmente en el siglo I.

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