sábado, 4 de septiembre de 2010

La Arqueología, valiosa fuente de luz


La arqueología nos parece interesante y nos pegamos un poco en algún programa de NatGeo o de HCH, y decimos qué espectacular sería estar ahí. Admitimos que sería importante encontrar el sarcófago de José, o planchas de oro, o las planchas de bronce, Zarahemla, etc. pero que al encontrarlas no aumentaría nuestra fe, pero sí que sería importantes tenerlas. La arqueología no sólo ofrece encontrar pruebas de algo, sino también permite encontrar elementos que permitan enseñarnos mejor una verdad, y comos los mormones somos buscadores de la verdad, venga de donde venga, la arqueología nos otorga una ventana para una nueva visión de las escrituras en algunos casos. Ilustraré esto con una frase difícil de entender de Jesús que aparece en Mateo 8:22 y Lucas 9:60 "Deja que los muertos entierren a sus muertos". estos evangelios presentan estas palabras dentro del contexto de que algunos de los discípulos estaban poniendo alguna excusa para no seguir inmediatamente a Jesús. en esta circunstancia específica un discípulo le pide permiso a Jesús para ir a enterrar primero a su padre. Honestamente creo que a todos nos parece la negativa de Jesús innecesariamente dura e irracional. Existen comentarios que se refiere a que aquellos que están espiritualmente muertos entierren a los físicamente muertos, pero aún así nos parece que contradice el mandamiento de "honra tu padre y a tu madre" y la norma judía de dar un entierro honorable a los padres como está en Deuteronomio 21:22-23.
Sin embargo, si se interpreta bajo la luz de los descubrimientos arqueológicos con respecto a las prácticas judías de enterramiento del primer siglo, nos otorga una luz diferente para comprender lo que el Señor quiso enseñar. En el tiempo de Jesús se producían dos enterramientos con por lo menos un año de diferencia entre uno y otro. El primero se producía en la cueva funeraria de la familia y era seguido por un periodo de luto. El segundo se hacia en una caja para los huesos (osario), después de haberse descompuesto la carne. Lo que parece estar en consideración en este pasaje del evangelio es sobre este segundo enterramiento. La reprensión de Jesús al discípulo no sólo era porque podía estar lejos del servicio misional por once meses, sino también por darle importancia a una práctica ajena a la Biblia.
El acto de enterramiento inmediato está considerado en las escrituras (Gén. 49:29; Jueces 2:10; 16:31; 1 Reyes 11:21), pero en la época del Nuevo Testamento había cambiado su significado teológico así otras costumbres.
Por todo lo dicho podríamos considerar que el versículo en cuestión podría ser más o menos así: 'Mira, ya has honrado a tu padre, dándole un entierro digno en la tumba familiar. Ahora, en lugar de esperar que la carne se descomponga, ve a predicar el Reino de Dios. Deja que los huesos de los antepasados de tu padre difunto se reúnan a los suyos, y ponlos en un osario. Tú, sígueme'.
De esta forma podemos ir comprendiendo mejor las enseñanzas no sólo de Cristo sino de los profetas y apóstoles, enseñanzas que en ocasiones nos parecen algo oscuras, pero que a la luz de la arqueología (la cual puede ser luz de verdad) nos iluminará cualquier Libro Canónico SUD. La verdad brotará desde la tierra.

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