sábado, 21 de agosto de 2010

El Nacimiento, un bautismo Premortal

En nuestra vida Pre-mortal tuvimos nuestro albedrío, sin él no hubiésemos podido tomar la elección de seguir a Dios y no a Satanás. “Cuatro grandes principios deben estar vigentes si hay albedrío: 1. Las leyes deben existir, leyes ordenadas por un poder omnipotente, leyes que pueden ser obedecidas o desobedecidas; 2. La oposición debe existir -bien y mal, virtud y vicio, rectitud e injusticia; es que debe haber una oposición, una fuerza que tira para un lado y otra para el otro; 3. Todos aquellos que disfrutan del albedrío, deben tener un conocimiento del bien y del mal, es decir, ellos deben conocer la diferencia entre ambas oposiciones y 4. Debe prevalecer un poder de elección totalmente libre” (Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, albedrío).

Por lo tanto, si existieron estos cuatro elementos debimos haber tomado más de alguna decisión equivocada en tantos miles de años, lo que llamamos pecado, esto se grafica claramente por Lucifer y un tercio de las huestes Premortales que pecaron y se apartaron de Dios para siempre, sin derecho a arrepentimientos. Los pecados que debimos haber cometido deben haber sido de una naturaleza muy distinta de los que cometemos hoy, ya que a causa de la caída el hombre con su cuerpo mortal llegó a ser “carnal, sensual y diabólico”, por tanto nuestras faltas no eran de tipo carnal, pero como tales deben haber requerido arrepentimiento, el cual es posible sólo gracias a la expiación infinita del Salvador, no existe otro medio por el cual se obtiene el perdón de pecados.

No comprendemos totalmente las características ni las leyes del “primer estado”, por ejemplo, en nuestro estado mortal cometeríamos el pecado imperdonable al negar el Espíritu Santo con todo lo que ellos significa, incluso derramar sangre inocente (DyC 132:27), pero en la vida premortal un tercio de los hijos de Dios cometieron el pecado imperdonable rebelándose contra Dios pero no negando el Espíritu ni derramando sangre inocente. De igual forma la lay es distinta en el mundo de los espíritus post mortal donde no se puede cometer el pecado imperdonable: “Digo que ningún hombre puede cometer el pecado imperdonable después de desecho su cuerpo, ni tampoco puede hacerlo en esta vida sino hasta que haya recibido el Espíritu Santo; pero tiene que ser en este mundo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 407).

Manteniendo en mente que lo temporal es a semejanza de lo espiritual, y lo espiritual es a semejanza de lo temporal, consideremos el bautismo como un ordenanza que es para arrepentimiento y simboliza al salir del agua un nuevo nacimiento, como lo expresó Jesús a Nicodemo, “el que no naciere de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”(Juan 3:5). Ahora invirtamos estos símbolos, haciendo que el nacimiento en esta tierra sea un bautismo para arrepentimiento de los seres que están dejando la vida pre-mortal. Esto es precisamente lo que nos indica la sección 93 de Doctrina y Convenios versículo 38 “Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiéndolo redimido,Dios de la caída, el hombre llegó a quedar de nuevo en su estado de infancia,inocente delante de Dios.“ Esto establece que al tiempo de nuestro nacimiento como espíritus éramos inocentes, sin pecado, pero al nacer y gracias a la expiación de Cristo volvemos a quedar inocentes, siendo este un primer bautismo para nuestro espíritu. Sin duda hay muchas cosas por aclarar con respecto a la vida premortal debido a que muy poco se ha revelado sobre ella, pero agradecemos a Dios por lo que sí ha revelado.

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