jueves, 29 de diciembre de 2011

La Sábana Santa de Turín y el Fetichismo


En estos días se ha hecho noticia que unos científicos consideran que la controversial Sábana Santa o Santo Sudario que se guarda como reliquia en Turín, sería auténtica como la mortaja que cubrió a Jesús en su sepultura. Lo interesante es que "es noticia" que unos científicos crean en su autenticidad, y es notica porque la mayoría de los científicos la rechaza.

La mayoría de los mormones consideramos que es falsa, simplemente por la candidad de clavos que muestra esta reliquia que traspasaron las manos de Jesús. Por medio de los exámenes con alta tecnología a los cuales se le ha sometido, muestra que las heridas de los clavos en las manos sólo serían en las muñecas.
Hay muchos que consideran que fue obra de Da Vinci, como este video muestra, debido a lo rentable que significaba poseer una reliquia.

Tanto en la literatura mormona como en la no mormona podemos encontrar elementos muy claros que nos hablán de cómo sería la auténtica tela que cubrió al Señor en su sepultura. Nuestro primer indicio son las escrituras, y en el evangelio de Juan se nos muestra con claridad la costumbre judía al sepultar a sus muertos.
Primero examinemos Juan 20:3-7

"Y salieron Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro. Y corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. E inclinándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Entonces llegó Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro y vio los lienzos puestos allí,
 y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte."

En estas pocas líneas ya observamos que se utilzaron varios lienzos con los que se envolvía al difunto, y el sudario sólo iba en la cabeza, no a lo largo de todo el cuerpo por la espalda y el frente.

Veamos Juan 11:43-44cuando Lázaro es regresado a la vida:

"Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había estado muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle ir."

En estos versículos se confirma el uso de vendas o lienzos para "atar" las manos y los pies. También se reitera el uso del sudario para la cabeza o rostro. En el sudario de Turín la imagen tiene las manos en una posición muy pudorosa cubriéndose los genitales, lo contrario no sería muy bonito exponerlo en una Iglesia, pero la costumbre del medio oriente y egipcoa inclusive de los difuntos, es llevar las manos en el pecho.
El lienzo en Turín muestra abundante rastros de sangre, sin embargo los judíos tenían una ceremonia de lavamientos de los cuerpos muertos, lo que hubiese dejado prácticamente sin rastros de sangre los lienzos.
El tamaño aproximado del santo sudario es de  1.10 mts x 4.27 mts. lo que es más familiar para un artista pintor que para en sepulturero de aquella época.

Sin intentar ofender a los católicos, a los cuales respeto, me interesa tratar el tema del fetichismo que se adhiere con facilidad a los grupos religiosos, del cual el catolicismo ha sido víctima. Al transcurrir cerca de cuatro siglos o un poco antes quizás, ya había quienes guardaban como valiosos tesoros algún elemento que perteneció a algún santo, o alguien de renombre. Al encontrarse este objeto en una iglesia provocaba visitas, peregrinajes y un aumento considerable en las ofrendas o limosnas. Se notó cómo la presencia de reliquias entregaba más autoridad y distinción a una iglesia y a su sacerdote.

Se creó un mercado negro de ventas y compras de reliquias de la naturaleza más extraña, produciéndose, por supuesto, muchísimas reliquias falsas pero que servían para el propósito de crear visitas (cómo a las páginas web), aumento de autoridad, distinción y por supuesto dinero, mucho dinero.
Se pagó a mercenarios de reliquias, reuniéndo una cantidad de elementos sorprendentes como:
  • plumas del ángel Gabriel
  • Varios prepucios de Jesús cuando lo circunsidaron
  • Más de 40 sudarios
  • más de 35 clavos
  • el látigo que azotó al Señor
  • una cantidad enorme de astillas de los maderos de la cruz, suficientes para varias cruces
  • Muchísimas espinas de la corona de espinas
  • resto de ropas de María cuando recibió la anunciasión
  • Restos corpóreos de mártires y santos como dedos, dientes, manos, pie, etc.

El siguiente es un video de una entrevista a Pedro Palao, investigador de tanta reliquia falsa y es sorprendente lo que nos cuenta.



La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, o Iglesia mormona, también posee reliquias, pero estas no son motivos de peregrinaje ni para obtener dinero. Varios elementos de los primeros profetas de esta dispensación se encuentran en el Museo de la Iglesia, los cuales no son venerados, pero sí de interés. Otros elementos se cuidan más como los manuscritos originales del Libro de Mormón por la mano de Oliverio Cowdery, los papiros o el facsímil 1 del Libro de Abraham, la piedra vidente en la piedra angular del Templo de Manti, etc.

Ninguna de estas reliquias son consideradas milagrosas y nadie las busca para sanarse o pedir favores especiales. Existe, sin embargo, un relato interesante de la época en que los mormones llegaron a Nauvoo, el cual era un pantano insalubre llamado Commerce. Muchos enfermaron, quizás la mayoría, y José con otros efectuaron muchas sanaciones. En este contexto sucedió lo siguiente:

"De esta manera el Profeta y los hermanos fueron de casa en casa, sanando a los enfermos y rescatándolos de las garras de la sepultura. Fue en esta ocasión que un hombre, no miembro de la Iglesia, viendo los grandes milagros que se estaban efectuando, le rogó al Profeta que fuera con él para que sanara a dos de sus hijos que se hallaban muy enfermos. El Profeta no pudo ir, pero dijo que enviaría a una persona para que los sanara. Sacó de su bolsillo un pañuelo de seda, lo entregó al hermano Woodruff y le suplicó que fuese a sanar a los niños. Le dijo que pasara el pañuelo sobre las caras de los niños, y sanarían. Obede­ció, y se aliviaron. "Mientras usted conserve ese pañuelo-José le dijo al hermano Woodruff cuando lo envió-será un vínculo entre usted y yo." (Joseph Fielding Smith, Elementos de la Historia de la Iglesia, Cap. 27, págs. 237-238).
No es tan extraño que se utilice un elemento u objeto para sanar, la vara de Aarón sirvió para muchos milagros, usamos el aceite de oliva, Cristo usó barro para sanar a un ciego. Lo importante de esta historia es que nunca se creo un culto o veneración a ese pañuelo, tuvo un propósito determinado y nunca recibió atención especial por la Iglesia, Wilfrod Woodruff no usufructuó de él, y ningún edificio logro preeminencia sobre otro por su presencia.
Roberto

martes, 27 de diciembre de 2011

Los objetos sagrados y los oficios de José Smith


Uno de los grandes aportes de la doctrina mormona es haber restaurado el significado de lo que es un profeta. Hace pocos días estuvo de natalicio (23 de diciembre) José Smith y pensé mucho en él, aunque escribo poco en el blog sobre él me gusta aprender mucho sobre su vida. A José Smith se le reveló en qué consistía esta responsabilidad en una revelación en 1835: “el deber del presidente del oficio del sumo sacerdocio es presidir a toda la iglesia, y ser semejante a Moisés. He aquí, en esto hay sabiduría; sí, ser vidente, revelador, traductor y profeta, teniendo todos los dones de Dios, los cuales él confiere sobre el cabeza de la iglesia” (D&C 107:91-92).

Atención con estas cuatro funciones, que fueron reiteradas en 1841, cuando el Señor declaró “nombro a mi siervo José para ser élder presidente de toda mi iglesia, para ser traductor, revelador, vidente y profeta” (D&C 124:125).

Existe una relación muy bonita entre estas cuatro funciones y los elementos que les fueron entregados a José Smith, la Liahona, las planchas, el urim y tumim, y la espada de Labán. John Taylor dijo que así como se habían guardado elementos en el arca de la ley, como las tablas de la ley, maná y la vara de Aarón para dar testimonio de que el Señor había llamado a Moisés, entre otras cosas, los elementos que estaban junto a las planchas que Moroni guardó “fueron preservados en este continente; para que haya una exhibición de evidencia, un memorial. . .  preservado y manifestado en la dispensación que el Señor en su bondad ha inaugurado ahora” (The Mediation and Atonement, pág. 122-23).


José como Vidente, El Urim y Tumim
Un vidente es aquel que ve con sus ojos espirituales. “Y las cosas se llaman intérpretes, y nadie puede mirar en ellos a menos que le sea mandado, no sea que busque lo que no debe, y así perezca. Y a quien se le manda mirar en ellos, a ése se le llama vidente” (Mosíah 8:13). Vemos que el instrumento preparado para la traducción permite ver en ellos y constituye a un vidente. “Mas un vidente puede saber de cosas que han pasado y también de cosas futuras; y por este medio todas las cosas serán reveladas, o mejor dicho, las cosas secretas serán manifestadas, y las cosas ocultas saldrán a la luz; y lo que no es sabido, ellos lo darán a conocer; y también manifestarán cosas que de otra manera no se podrían saber” (Mosíah 8:17).

Varios otros profetas recibieron un utim y tumim en sus labores espirituales. José también recibió varias revelaciones por medio de estos instrumentos que lo acercaban con el Espíritu de revelación.


José como Revelador, la Liahona
Una de las funciones básicas de un profeta es ser revelador, Amos dijo “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). A José Smith se le dijo que “he aquí, éste es el espíritu de revelación; he aquí, es el espíritu mediante el cual Moisés condujo a los hijos de Israel a través del Mar Rojo sobre tierra seca” (D&C 8:3). Por tanto Moisés fue un revelador al recibir revelación para conducir a Israel fuera de Egipto hacia la tierra prometida. Muy similar a Lehi, que con el mismo espíritu y ayudado por la Liahona condujo a su familia hasta la tierra prometida. Esto ayudó a conducir a la familia por los parajes más fértiles del desierto, además trabajaba según la fe, diligencia y atención que le daban (1 Nefi 16:16, 28). Tenía una escritura que cambiaba de cuando en cuando, enseñando la forma en que viene la revelación.