jueves, 25 de agosto de 2011

Melquisedec como Símbolo de Jesucristo

La siguiente es una comparación que establece a Melquisedec como símbolo de Jesucristo.

Melquisedec Jesucristo
Poco se conoce sobre la infancia de Melquisedec Poco se conoce sobre la niñez de Jesús
Melquisedec manifestó dones espirituales en su juventud (TJS, Génesis 145:26) Cristo manifestó dones del Espíritu en su juventud (TJS, Lucas 2:41-52)
Melquisedec llevó el títutlo de "Rey de Justicia", el cual los judíos asociaban con el Mesías. Cristo es el "Rey de justicia" y el Mesías
Melquisedec ofreció la Cena del Señor (Gén. 14:18-20; TJS Gén. 14:17-20) Cristo ofreció la Cena del Señor como cumplimiento de la Comida de Pascua (Mateo 26:26-28)
Las Escrituras asocian a Melquisedec con Cristo (Salmos 110:4; Hebreos7:14-16) Las Escrituras asocian a Cristo con Melquisedec (Salmos 110:4; Hebreos7:14-16)
Melquisedec fue usado por Pablo para probar que la salvación no se encuentra en la Ley de Moisés (Hebreos 7) La salvación no viene por la Ley de Moisés, pero viene por Su santo nombre (Mosíah 13:32)
Melquisedec predicó el arrepentimiento a quienes le rodeaban (Alma 13:18) Jesús predicó el arrepentimiento a todo quien le escuchaba (Mateo 14:7; DyC 18:22; 19:15-20)
Melquisedec administró ordenanzas para la remisión de pecados (TJS Génesis 14:17; Alma 13:16) Jesús administró ordenanzas para la remisión de pecados (TJS Juan 4:1-3)
El sacerdocio es nombrado por el nombre de Melquisedec (DyC 107:3-4) El sacerdocio era llamado "el Santo Sacerdocio según el orden del Hijo de Dios" (DyC 107:3-4)
Melquisedec reinó bajo su padre (Alma 13:18) Cristo reina bajo su Padre(Juan 5:19)
Melquisedec fue rey de Jerusalén (Génesis 14:18; Salmos 76:2) Jesucristo debió por derecho ser rey de los judíos y Jerusalén (Mateo 1-2; 5:35)
Se dice que Melquisedec tuvo poderes milagrosos (TJS Génesis 14:26) Cristo tiene poder para hacer milagros
Melquisedec fue llamado "rey de los cielos" (TJS Génesis 14:34-36) Cristo es el Rey de los Cielos y reconocido como tal por su pueblo (2 Nefi 10:14; Alma 5:50)
Melquisedec fue conocido como "Principe de Paz" (TJS Génesis 14:33; Hebreos 7:1-2; Alma 13:18) Cristo es el "Príncipe de Paz (Isaías 9:6; Juan 14:27; 2 Nefi 19:6)
Se decía que no hubo sacerdote mayor que Melquisedec (Alma 13:19) Cristo es el Gran Sumosacerdote (Hebreos 3:3:1; 9:11)
Melquisedec ordenó al sacerdocio al profeta que le sucedería (DyC 84:14) Cristo ordenó al sacerdocio al profeta que le sucedería (Mateo 10:1-2)
Melquisedec venció al mundo (TJS Génesis 14:33-34) Cristo venció al mundo (Juan 16:33)

Alonzo L. Gaskill, The Lost Language of Symbolism

lunes, 22 de agosto de 2011

El Libro de los Secretos de Enoc y le Mormonismo

Encontré por fin el libro de los Secretos de Enoc. Es muy interesante para nosotros, los mormones, una de las razones es que habla bastante de Melquisedec. Sin juzgar si el libro es verdadero o no, lo valioso es que es antiguo, y representa por último algunas tradiciones de los primeros cristianos así como judíos del 100 a.C y el 70 d.C.
Espero que lo disfruten

Fuente: A. Díez Macho, ed. Apócrifos del Antiguo Testamento, en 5 vols. publicados. Libro de los secretos de Henoc (2 Hen [eslavo]), trad. por A. de Santos Otero, en el vol. 4 [Cristiandad: Madrid, 1982], págs. 161-202. La letra cursiva, que se observa en el presente documento, refleja un texto propio, típico, diferente de la redacción larga que se ofrece como Henoc 2

LIBRO DE LOS SANTOS SECRETOS DE HENOC
Varón sabio y gran artífice, a quien el Señor quiso arrebatar a sí para que pudiera ver la vida superior y fuera testigo ocular del reino sapientísimo, grande, inescrutable e inmutable de Dios omnipotente; de la mansión magnífica, gloriosa, refulgente y dotada de muchos ojos, reservada a los servidores del Señor; del trono inconmovible de Dios; de los distintos órdenes y formaciones de los ejércitos incorpóreos; del entramado inefable de la gran multitud de elementos; del aspecto multiforme y del canto inenarrable del ejército de los querubines, así como de la luz inconmensurable.

Capítulo 1 1 En aquel tiempo dijo Henoc: Al llegar a los ciento sesenta y cinco años engendré a mi hijo Matusalén y después viví doscientos años más hasta cumplir los trescientos sesenta y cinco. 2 En el mes primero, en el día designado del primer mes, en el primer día me encontraba yo, Henoc, solo en casa y descansaba en mi lecho durmiendo. 3 Y durante el sueño invadió mi corazón una gran pena, hasta el punto de que exclamé llorando a lágrima viva: «¿Qué cosa querrá decir esto?» 4 En esto se me aparecieron dos varones de una estatura descomunal, tal como yo no había tenido ocasión de ver sobre la tierra. 5 Su faz era como un sol refulgente, sus ojos semejaban antorchas ardiendo y de sus labios salía fuego; sus vestidos eran como […] con abundancia de púrpura; sus alas brillaban más que el oro, y la blancura de sus manos superaba a la de la nieve. 6 Y poniéndose a mi cabecera, me llamaron por mi nombre. 7 Yo desperté de mi sueño y vi claramente aquellos dos varones que estaban a mi lado. Me levanté enseguida y me postré de hinojos ante ellos, sobrecogido de pavor, hasta tal punto que el miedo hizo cambiar el color de mi rostro. 8 Mas ellos me dijeron: ―Henoc, ten ánimo de verdad y no te asustes, pues el Señor de la eternidad nos ha enviado a ti: sábete que hoy vas a subir al cielo con nosotros. 9 Comunica, pues, a tus hijos y a todos tus domésticos lo que tengan que hacer aquí abajo con tu hacienda, mientras tú estés ausente. Y que nadie te busque hasta tanto que el Señor te restituya a los tuyos. 10Y obedeciendo prontamente, salí de mi casa y cerré las puertas, tal como me habían indicado. 11Entonces llamé a mis hijos Matusalén, Regim y Gaidad y les comuniqué cuanto me habían dicho aquellos varones admirables.

Capítulo 2 1 Escuchad, hijos míos: No sé adónde voy ni con qué voy a encontrarme.
2 Vosotros no os apartéis de Dios, sino caminad ante la faz del Señor y tened en cuenta sus juicios.
3 No mancilléis las preces de vuestra salvación, para que el Señor no rebaje el fruto del trabajo de vuestras manos. No escatiméis vuestras ofrendas al Señor, y él no dejará tampoco vacíos los graneros de aquellos que le son generosos. 4 Bendecid a Dios con los primogénitos de vuestros establos y con las primicias de vuestras vacas, y seréis bendecidos eternamente. 5 No os apartéis del Señor ni adoréis a dioses vanos, dioses que no han creado los cielos y la tierra ni ninguna de las otras criaturas, pues tanto ellos como quienes lo adoran han de perecer. Y que el Señor confirme vuestros corazones en su temor. 6 Ahora, pues, hijos míos, que nadie me busque hasta tanto que el Señor me devuelva a vuestro lado.