viernes, 5 de agosto de 2011

¿Sudó Realmente Sangre el Señor?


Richard Neitzel Holzapfel

Profesor de BYU



Con respecto a un famoso pasaje que se encuentra en Lucas 22, Bart D. Ehrman, autor de El Nuevo Testamento: Una introducción histórica a los primeros escritos cristianos (The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings (New York: Oxford University Press, 2008), argumenta que los escribas añadieron el detalle de que “era su sudor como grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44). Ehrman declara, “esta imagen de Jesús “sudando sangre”… puede encontrarse solamente en un pasaje del Nuevo Testamento, en Lucas 22:43-44. Este pasaje no está presente en nuestros más antiguos y mejores manuscritos del evangelio de Lucas”. Ehrman continúa, “de hecho, tal parece que los escribas que querían dar énfasis en toda la humanidad de Jesús y su gran sufrimiento humano, lo añadieron al relato de Lucas. Para estos escribas, Jesús no era tan sólo un ser divino que podía elevarse por encima de la pruebas y tribulaciones de esta vida. Él era humano en todos los aspectos y sufrió la clase de agonía que cualquiera de nosotros sufriría, si supiéramos que pronto íbamos a someternos a una muerte por crucifixión humillante y atroz. Mientras esta parece haber sido la visión del sufrido Jesús que tenían los escribas, no es la de Lucas” (491). Ehrman y otros eruditos especulan que este versículo fue introducido en el Nuevo Testamento alrededor del siglo V de la era cristiana.


Los Santos de los Últimos días, al igual que muchos otros lectores conservadores del Nuevo Testamento, siguen aceptando el conmovedor relato de Lucas sobre el sufrimiento en Getsemaní y no han estado dispuestos a eliminar este material de sus lecturas de las últimas 24 horas de Jesús.

martes, 2 de agosto de 2011

La línea de autoridad interrumpida en el Papado

Pedro, Santiago y Juan Ordenando a José Smith
La Gran Apostasía es un tema fundamental en la doctrina mormona, su existencia justifica la Restauración, José Smith, El Libro de Mormón, etc. Es en ese sentido que presento el siguiente artículo, el cual no es un ataque hacia los católicos, que los estimo mucho, si no argumento a favor de la restauración y el mormonismo.

La pretensión de que los papas son los sucesores del apóstol Pedro es la piedra angular del catolicismo romano, sin la cual la Iglesia perdería su singularidad y no podría funcionar. Por consiguiente, debemos dedicar más tiempo para examinar con cuidado esta pretensión. ¿Hay realmente una línea ininterrumpida de 262 papas sucesores de Pedro?

Para que ocurra una sucesión apostólica cada papa debe escoger su propio sucesor y personalmente imponerle las manos y ordenarlo. El Apóstol SUD que reemplaza al fallecido presidente de la Iglesia fue anteriormente un apóstol a quien se le confirieron todas las llaves del sacerdocio, aunque sin la autorización para ejercerlas todas. Este fue el procedimiento cuando Pablo y Bernabé fueron enviados por la iglesia de Antioquia a su primer viaje misionero (Hechos 13:3). La designación de Timoteo al ministerio también fue por los ancianos, que impusieron las manos sobre el (1Timoteo 4:14), como lo hizo Pablo cuando impartió un don especial a Timoteo (2 Timoteo 1:6). Por lo tanto, este procedimiento bíblico jamás se ha seguido con respecto a los sucesores de los obispos de Roma a los papas. El sucesor de un papa no es escogido por este, sino por otros después de su muerte; y la mayoría de las veces esto se ha hecho de manera más impía, como lo veremos enseguida.

Además, no hay registro alguno de que Pedro alguna vez fue obispo de Roma y, por consiguiente, es imposible que algún obispo de Roma fuese su sucesor. Ireneo, obispo de Lyons (178-200), proveyó una lista de los primeros 12 obispos de Roma. Lino fue el primero. El nombre de Pedro no aparece en esta lista. Eusebio de Cesarea, el padre de la historia de la Iglesia nunca lo menciona a Pedro como obispo de Roma. Simplemente dice que Pedro vino a Roma "Al final de sus días" y fue crucificado ahí. Pablo, al escribir su epístola a los Romanos, saluda a muchas personas por nombre pero no a Pedro. Esa sería una extraña omisión si Pedro hubiera estado viviendo en Roma y especialmente si hubiese sido obispo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Yom Kippur

Este blog fue escrito por David Rolph Seely; profesor de escritura antigua en BYU.



El Día de Expiación — Yom Kippur en hebreo— es el día más santo y solemne del calendario israelita. Cae en el décimo día del séptimo mes, y este año, (2009) empezará al ocultarse el sol el 27 de septiembre. Los antiguos israelitas se preparaban para ese día, dejando de trabajar al igual que en el Día de Reposo, arrepintiéndose de sus pecados y ayunando. El propósito de este día se describe en Levítico: “Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16: 30). El sumo sacerdote realizaba una serie de rituales, que incluía el lavarse a sí mismo, ofrecer sacrificios, y llevar sangre que rociaba sobre el Asiento de la Misericordia en el Arca del Convenio en el Lugar Santísimo del templo [atrás del velo]. Se representaba el poder del Señor para limpiar a su pueblo cuando el sumo sacerdote echaba suertes sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era designado para Jehová y el sumo sacerdote lo sacrificaba. El sumo sacerdote, tomaba el otro macho cabrío y transfería todos los pecados del pueblo sobre él imponiéndole las manos sobre la cabeza. El segundo macho cabrío, llamado en inglés “scapegoat” [chivo expiatorio] era llevado al desierto como símbolo de la purificación del pueblo de las manchas de la impureza ritual y el pecado.