martes, 14 de septiembre de 2010

Enseñanzas Secretas, Ropas blancas, Ungimientos y San Cirilo

 Siguiendo con la investigación de los primeros cristianos y sus enseñanzas, aparece Cirilo de Jerusalén, cuyos escritos demuestran la existencia de ritos y enseñanzas que se consideraban sagradas al punto de no conversarlas con quienes no habían sido iniciados en ellas. Los mormones tenemos una actitud muy similar con las enseñanzas que recibimos en el TemploSan Cirilo de Jerusalén fue un  cristiano de una alta educación y un maestro extraordinario en esa época de gran agitación religiosa. Mi intensión es mostrarles algunas importantes citas de él que consideran: enseñanza secreta, ungimiento con aceite en diferentes partes del cuerpo, el uso de ropas nuevas blancas, entre otras cosas, las cuales resultan familiares para los Sud o mormones.

Enseñanza Secreta
‘Cuando la instrucción termine, su algún catecúmeno trata de averiguar lo que sus maestros les enseñamos, no diga nada, porque él está fuera del misterio que le hemos entregado, con su esperanza en la era por venir. Guarde el misterio para el beneficio de Aquél de quien espera recompensa. Nunca deje que nadie le persuada diciendo: ¿Qué daño puede haber en yo también sepa? Ya está en la frontera del misterio. Yo lo adjuro para que no deje escapar ni una palabra’ (Procatequesis 12).

Ungimientos
Fuisteis ungidos en primer lugar en la frente, para ser liberados de la vergüenza que el primer hombre que pecó exhibía por todas partes(8) y para que, a cara descubierta, contempléis la gloria del Señor como en un espejo (cf. 2 Cor 3, 18)(9). Después, en los oídos, para que pudieseis oír los divinos misterios, de los que Isaías decía: «Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos» (Is 50, 4); y el Señor Jesús, en el Evangelio: «El que tenga oídos, que oiga» (Mt 11, 15). Luego fuisteis ungidos en la nariz, para que, al recibir el divino ungüento, dijeseis: «Somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan» (2 Cor 2, 15). También fuisteis ungidos en el pecho, para que, «revestidos de la justicia como coraza», pudieseis «resistir a las asechanzas del Diablo» (Ef 6, 14-11). Pues, al modo como Cristo, tras el bautismo y la venida a él del Espíritu Santo, derrotó al Adversario (cf. Mt 4, 1 ss. par), también vosotros, después del sagrado bautismo y el místico ungüento, revestidos de la armadura del Espíritu Santo, podáis resistir contra toda potestad adversa (cf. Ef 6, 10-18), a la cual podáis vencer diciendo: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta», Cristo (Flp 4, 13). (Catequesis XXI).
3. Y después, así despojados, fuisteis ungidos con el óleo exorcizado desde los pelos de la cabeza hasta los pies y fuisteis hechos partícipes del buen olivo que es Jesucristo. Sacados del olivo silvestre, habéis sido injertados en un buen olivo y hechos partícipes de la riqueza del verdadero olivo (Rm 11, 17-24)(2), (Catequesis XX).

Nuevas ropas blancas
2. Inmediatamente después de que entrasteis, os despojasteis de la túnica: ésta era imagen del hombre viejo, del que os habéis despojado con sus obras (cf. Col 2, 12 ss; 3, 1 ss. 9ss.; cf. Ef 2, 1-10). …. Y puesto que habitaban en vuestros miembros las potestades adversas, ya no os es lícito seguir llevando aquella vieja túnica: y no me refiero a la que se percibe con los sentidos, sino al «hombre viejo que se corrompe siguiendo la seducción de las concupiscencias» (Ef 4, 22). Y que nunca suceda que el alma se revista de nuevo de la vestimenta de que una vez se despojó, sino que diga como aquella esposa de Cristo de la que se habla en el Cantar de los Cantares: «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo?» (Cant 5, 3). . . .. Llevabais realmente la imagen del primer padre Adán, que estaba desnudo en el paraíso y no se avergonzaba. (Catequesis XX)
«Y no falte ungüento sobre tu cabeza» (Ecl 9, 8b): ¿Ves cómo también se designa así al crisma espiritual? «En toda sazón sean tus ropas blancas, ... que Dios está ya contento con tus obras» (ibid., 8a y 7b). Pues, antes de que tuvieses acceso a la gracia, tus obras eran «vanidad de vanidades» (Ecl 1, 2)(8). Pero, una vez que te despojaste de tus viejas vestiduras y te pusiste las que están espiritualmente limpias, debes estar siempre vestido con éstas. No te decimos que es necesario que siempre vayas vestido de blanco, sino que te revistas de lo que es blanco, puro y espiritual y que digas, de acuerdo con el bienaventurado Isaías: «Con gozo me gozaré en Yahvé, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto...» (Is 61, 10). (Catequesis XXII)




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